Tarta de queso: la historia de un postre universalmente popular

Hablar de la tarta de queso es hacerlo de uno de los postres con mayor aceptación del mundo. Todos hemos podido vivir una escena semejante a la siguiente. Tras una comida o cena con amigos, llega el camarero. Pregunta si querremos dulces después de los platos principales. Se enumeran las opciones que el restaurante ofrece y, si la tarta de queso está entre ellas, inevitablemente esta será una de las elegidas por parte de varios comensales.

Conocemos de sobra su poder de atracción sobre nuestro paladar. Lo que quizá conocemos menos es su historia. Para empezar, una sorpresa: la tarta de queso no es originaria, tal y como su popularidad a través de películas nos puede hacer creer, de los Estados Unidos. No, no podemos hablar de la archifamosa “cheesecake” antes de hacerlo de la Antigua Grecia.

Según las primeras documentaciones sobre este postre, la tarta de queso ya aparece hace aproximadamente cuatro mil años. Habría sido en la isla griega de Samos, en el extremo oriental del mar Egeo y tocando casi con la costa de Turquía, donde tuvo lugar su nacimiento. Los griegos tenían a la tarta de queso en alta estima energética y consideraban que aportaba una buena cantidad de nutrientes al cuerpo humano. No en vano se generalizó su uso para los atletas que participaban en las Olimpiadas. Así reponían fuerzas tras las competiciones.

Y la tarta de queso conquistó el mundo

Posteriormente tenemos noticia de las primeras recetas, concretamente la de Ateneo, en el año 230 antes de Cristo. El queso se mezclaba con miel y harina de trigo hasta convertirlo en una masa que después se enfriaba y servía. Este postre cayó bajo el influjo del Imperio Romano y fue a través de este y sus vastos confines como se extendió hasta, por ejemplo, Gran Bretaña. Y posteriormente, hacia el siglo XIX, fue mediante la inmigración europea como se popularizó en Estados Unidos, donde, como sabemos, es uno de los postres con mayor presencia en la industria del cine y las series de televisión.

En ese país, la tarta de queso tuvo que ver en el nacimiento del queso crema que en gran parte lleva hoy la receta de esta delicia. Sin embargo, la riqueza de la tarta de queso también se deja notar en sus variantes internacionales. En países como Italia se suele hacer con el requesón llamado ricotta, en Grecia con feta y en Alemania y otros lugares de Europa con queso batido.

Lo que es seguro, además de que gusta a todo el mundo, es que no hay nada como aplicarle algún toque maestro. Ese puede ser el factor diferenciador que consiga que un buen postre pase a ser excelente. En Helios lo tenemos claro. Las mermeladas de fresa, pero también las de arándanos y frutas del bosque, no solo aportan una mejor presentación al plato, que también es importante. Son, sobre todo, el complemento ideal para que la milenaria tarta de queso pase de ser apetecible a irresistible. Y es que, ¿quién puede decir que no a esta maravilla de la repostería?

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